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Comer “chucherías” varias

¡Qué difícil es hoy en día manejar este tema!
la fotoCuando nació Rodrigo, intenté que no tomara cosas muy dulces o muy saladas durante mucho tiempo. En un momento dado empezó  a chupar un poco de helado y no sé en cual se lo comió ya él solo. Mientras, yo iba peléandome con familia, farmacias, peluquerías y todo aquel que le regalaba una piruleta.
A veces pienso cuánto mal nos hizo la posguerra
No os riáis, no… tengo la teoría de que al venir de una época de escasez en la que una piruleta era un bien preciado o que tomar pan con aceite y espolvoreado con azúcar era lo máximo, la generación de los que nacieron en los cuarenta y principios de los cincuenta arrastra un apego al azúcar increíble.
Recuerdo un actor con el que trabajé hace muchos años; tanto él , como su mujer e hijos tenían sobrepeso y me contó que era por que en la guerra y posguerra había pasado tanta hambre que ahora tenía siempre la nevera llena de cosas ricas para que todos comieran lo que quisieran.
Salvando las distancias, hoy en día estamos al otro lado; sobrealimentados y extra azucarados. Es un auténtico rollo pasarse la vida negociando con tu hijo la ingesta de chuches. Detrás de eso va la la limpieza de dientes, en general una pesadilla los primeros años, al menos para mí.

En cuanto puedo tiro todo lo que le dan, por que aunque me lo pidiera, no pasaba nada, es más que probable que algún alma caritativa ya haya repuesto las chuches tiradas.
Ocasionalmente me tomo una nube o un plátano, por que ricos, están ricos…y siempre lo pago…los años y el bruxismo han hecho mella en mi esmalte y me supone uno o dos días de sensibilización dental. Eso me hace más consciente todavía de la cantidad de azúcar que se mete un cuerpo de 20-25 k tras regalarle una bolsa de chuches en un cumpleaños (nueva tradición de los últimos años).
Y no quiero demonizar las chuches, están bien y muy ricas, pero muy ocasionalmente, como algo excepcional y placentero.

Poniéndome en plan abuela recuerdo la felicidad de cada Domingo cuando me daban diez pesetas que me dejaban gastar en lo que quisiera, pues en toda la semana no volvía a comer nada de capricho. Y lo valoraba tanto… eso es algo que echo mucho de menos de la crianza de nuestros hijos… hay tal cantidad de todo en el mundo occidental, que es imposible que lo valoren. Y no es culpa de ellos, por supuesto.

Además, ya lo dijo Sócrates hace más de 2.000 años:
“Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros”

O sea que la raza humana tiende a pensar que su generación lo hizo mejor que la siguiente sí o sí, ja, ja
(Ahora, lo de cruzar las piernas no lo entiendo)

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